Fertilización al inicio de la brotación en cultivos leñosos. Claves para un arranque equilibrado

Fertilización al inicio de la brotación en cultivos leñosos. Claves para un arranque equilibrado

La brotación marca uno de los momentos más decisivos del año en cultivos leñosos como el olivar o el almendro. No es solo el primer signo visible de que el árbol “despierta” tras el invierno: es el instante en el que se reactivan sus procesos internos y se define gran parte del potencial productivo de la campaña.

Durante esta fase el árbol pone en marcha toda su maquinaria fisiológica. Moviliza las reservas acumuladas en madera y raíces, reactiva el sistema radicular y comienza a desarrollar nuevos brotes. Todo ello implica una alta demanda energética y nutricional que debe estar bien cubierta para que el cultivo arranque con equilibrio.

Aquí entra en juego el fósforo, un elemento clave en este momento del ciclo. Su papel en la producción de energía y en la formación de nuevas raíces resulta fundamental para impulsar una brotación homogénea y un sistema radicular activo, capaz de explorar el suelo y aprovechar mejor los nutrientes disponibles.

El nitrógeno también es necesario, pero su manejo requiere equilibrio. Un exceso demasiado temprano puede generar un crecimiento vegetativo descompensado, mientras que una aportación ajustada permite sostener el desarrollo inicial sin comprometer el balance entre crecimiento y producción.

A este equilibrio nutricional se suman los micronutrientes. Elementos como zinc, manganeso y boro desempeñan un papel importante en procesos enzimáticos y hormonales vinculados al arranque vegetativo, especialmente en cultivos como el olivar y el almendro.

Lo cierto es que los errores en esta fase suelen pagarse más adelante. Una nutrición mal ajustada al inicio del ciclo puede traducirse en brotaciones irregulares, menor actividad fotosintética o un desarrollo radicular insuficiente, condicionando el comportamiento del cultivo durante toda la campaña.

El contexto actual, con suelos bien recargados tras las lluvias, abre además una oportunidad interesante. La humedad disponible favorece la aplicación de abonos sólidos, permitiendo su correcta disolución e incorporación en la zona radicular activa. Esta base nutricional puede complementarse posteriormente mediante fertirrigación, ajustando las dosis según la evolución fenológica del cultivo y reforzando los nutrientes que el árbol demande en cada momento.

Al final, la clave no está en apostar por una única herramienta, sino en planificar la nutrición de forma integrada: suelo, fertirrigación y aplicaciones foliares. Una estrategia bien diseñada permite acompañar al cultivo en cada fase y optimizar la eficiencia en el uso de nutrientes.

Desde Herogra trabajamos junto a agricultores y técnicos para diseñar programas de nutrición adaptados a cada parcela y a cada objetivo productivo. Porque, al final, una buena campaña siempre empieza con un buen arranque.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Artículos Relacionados

No te pierdas nada

Suscríbete a
nuestra newsletter

¡Suscríbete a nuestra newsletter!

Mantente al día de nuestra pasión por la agricultura






Escribe una palabra clave