Abonado de cobertera en cultivos de invierno: no todo amarilleo es falta de nitrógeno
Las intensas lluvias de esta campaña están provocando encharcamientos prolongados en muchos cultivos de invierno, dando lugar a amarillamientos generalizados que, a simple vista, pueden confundirse con una carencia de nitrógeno. Sin embargo, en muchos casos el origen del problema no es nutricional, sino fisiológico, asociado a procesos de asfixia radicular.
Cuando el suelo permanece saturado de agua durante varios días, el oxígeno disponible en la rizosfera se reduce drásticamente. Esta falta de oxigenación limita la respiración radicular y afecta al funcionamiento de las raíces, que pierden capacidad para absorber agua y nutrientes. Aunque exista nitrógeno en el suelo, la planta no puede asimilarlo correctamente, apareciendo síntomas visuales similares a una deficiencia real de este elemento.
En estas condiciones, la fertilización de cobertera no resulta eficaz. La absorción radicular está comprometida y, además, se incrementa el riesgo de pérdidas de nitrógeno. Concretamente, en suelos encharcados el abonado presenta:
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Muy baja eficiencia, al no poder ser correctamente absorbido por la raíz.
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Mayor riesgo de pérdidas por lixiviación o desnitrificación.
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Riesgo de compactación del suelo si se entra a la parcela con exceso de humedad, empeorando la aireación y la recuperación radicular.
Por todo ello, forzar el abonado en esta fase no soluciona el problema de fondo y puede retrasar la recuperación del cultivo.
La estrategia más adecuada pasa por priorizar la recuperación fisiológica del cultivo antes de pensar en su nutrición. Mientras el suelo no permite una entrada adecuada, es recomendable apoyar a la planta mediante aplicaciones foliares de aminoácidos libres de rápida asimilación y extractos de algas, aprovechando tratamientos fitosanitarios ya programados. Este tipo de bioestimulación ayuda a reducir el gasto energético, reactivar el metabolismo y mejorar la tolerancia al estrés provocado por la asfixia radicular, sin depender del suelo.
En este contexto, Aminomar Forte es una herramienta especialmente adecuada, ya que combina aminoácidos libres fácilmente asimilables con extractos de algas de origen marino, aportando un efecto bioestimulante y regulador que favorece la recuperación fisiológica del cultivo tras episodios de exceso de agua.
Una vez que el suelo ha drenado correctamente y el cultivo comienza a mostrar signos visibles de recuperación y crecimiento activo, normalmente tras una o dos semanas, es cuando conviene plantear el abonado de cobertera. En este momento, con la raíz nuevamente funcional, el nitrógeno aplicado puede ser aprovechado de forma eficiente.
Para esta fase, NEO 35 destaca no solo por su alto contenido en nitrógeno, sino por incorporar un inhibidor de la ureasa, especialmente interesante en campañas lluviosas. Este inhibidor permite:
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Reducir las pérdidas de nitrógeno por volatilización.
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Mantener el nitrógeno disponible durante más tiempo.
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Mejorar la eficiencia del abonado cuando la humedad del suelo es elevada.
En definitiva, no todo amarilleo es falta de nitrógeno. En campañas marcadas por el exceso de lluvias, la clave está en actuar con criterio agronómico: primero recuperar la fisiología del cultivo mediante bioestimulación y, una vez superado el estrés y en el momento adecuado, realizar el abonado de cobertera con soluciones eficientes como NEO 35, maximizando la respuesta del cultivo y el aprovechamiento del nitrógeno.